PORQUÉ DEBEMOS DEJAR DE ESPERAR UN AVIVAMIENTO

Pedimos y pedimos un avivamiento, ¿qué sería mejor que eso? Aquí la respuesta.

Desde que el Señor llegó a mi vida a los 15 años y hasta el día de hoy ––unas décadas después–– he escuchado cosas como “oremos por un avivamiento”.

Esa frase siempre me ha parecido curiosa. ¿Significa eso un reconocimiento de nuestra bancarrota espiritual? ¿Será que sabemos que podemos ser la iglesia que el Señor quiere y que no lo somos? ¿Qué sería diferente? Cuando llegue… ¿por fin nos consagraríamos al Señor? ¿Por qué no desde hoy? ¿Para qué esperar?

Quizá la pregunta más importante sería: ¿cuánto durará ese avivamiento en caso de que algún día llegue?

Breve reflexión sobre el avivamiento en la historia

Este concepto describe movimientos espirituales en la historia en los que una persona o un pequeño grupo predicó intensamente el evangelio mientras lo vivía con un compromiso extraordinario, quizá ayudando al necesitado, fundando organizaciones que atendían áreas de oportunidad específicas o quizá abandonando la religiosidad e hipocresía imperante en su época.

Ahí tenemos los movimientos reformistas que si bien fueron de un gran despertar espiritual también algunos los utilizaron para dirigir horribles y sangrientas persecuciones con intenciones políticas y económicas, muchas veces por parte de los monarcas que las financiaron.

Dejando eso a un lado, el corazón del movimiento fue desechar la idea de que la salvación es por obras para fijar en las mentes el principio bíblico de que es por gracia y que las buenas obras son consecuencia de la salvación operando en el creyente porque la fe que se profesa, se pone en práctica. Asimismo, se promovió intensamente la lectura de la Biblia en el idioma materno al producir traducciones y con ayuda de la imprenta.

En adelante, movimientos como el de los puritanos, los anabaptistas, los metodistas, los nazarenos o los pentecostales, por mencionar algunos de los más importantes, fueron protagonistas de avivamientos. En todos los casos fueron genuinos esfuerzos por llevar una vida más piadosa, más santa, más llena del Espíritu y, en general, más agradable a Dios que fuera de bendición al mundo.

Desgraciadamente hubo personas que, intentando liderar un avivamiento, enseñaron falsedades y herejías como los adventistas, los testigos de Jehová o los mormones.

Lo que esperamos cuando pensamos en un avivamiento

Hoy día hay una sensación compartida en cuanto a que la religiosidad predomina en nuestras iglesias. Muchos congregantes admiten su incongruencia, su falta de ánimo y de constancia provocada por las luchas contra su carne y sus deseos perversos, por los liderazgos manipuladores usualmente movidos por intereses egoístas o económicos e incluso por la rutina.

Entonces, nos vemos como iglesias centradas en sí mismas, en sobrevivir, en no perder membresía, en convencer a la gente de servir cuando cada vez menos creyentes quieren hacerlo o consumidas en el activismo estéril. Pensamos en que debería llegar un avivamiento ¡y hasta oramos por él!

Eso cambiaría las cosas, pensamos. ¿Será cierto? No obstante, nosotros mismos no estamos cambiando porque no estamos influyendo en otros para consagrarnos al Señor de una vez e impactar al mundo no necesariamente con llamativas y creativas iniciativas de cortísimo plazo que solo nos ayudarán a sentirnos mejor con nosotros mismos, sino con esfuerzos de largo alcance de testimonio a nuestras familias, vecinos, colegas, compañeros de escuela, etcétera.

Supongamos que ese avivamiento llegue… ¿cuánto tiempo durará? ¿Cuántos movimientos religiosos genuinos producirá y cuántos grupos heréticos engendrará esta vez?

¿Avivamiento o perseverar?

Aquí es donde quisiera que, en lugar de esperar el siguiente avivamiento, recordemos la doctrina cristiana, por no decir bíblica, referente a la perseverancia de los santos. Es otra manera de decir que la fe que salva es fe que persevera, que se mantiene, que se manifiesta en una naturaleza espiritual que produce obras de justicia.

Ahí tenemos a Adán y a Eva, luego de pecar, el Señor los restauró ––no sin que experimentaran las consecuencias––. ¿Cómo sabemos que perseveraron en la fe? La prueba es Abel y más tarde Set, que agradaron a Dios y en ello sus padres debieron jugar un papel principal. ¿Y Caín? Claramente prefirió hacer las cosas a su manera. Sin embargo, el Señor lo animó a perseverar, mira Génesis 4, cuando le pide que no sea dominado por el pecado y que haga lo que es bueno.

Toda la Biblia y las historias de las personas que tuvieron comunión con Dios, y las que no, nos enseñan la importancia de perseverar en la fe en la vida, además de las consecuencias de no hacerlo. En la ley el Señor les pide que no se aparten de ella. Los profetas llamaban al pueblo a volver al Señor y en la era de la iglesia el mensaje sigue siendo perseverar viviendo para Dios.

¿Qué necesitas tú? ¿Qué necesita la iglesia? ¡Perseverar! Mantenernos fieles, íntegros, santos, obedientes al amar a Dios. Si no estuvimos perseverando, la Palabra siempre nos llama a volver al Señor.

¿Cómo le hacemos?

Lo primero es reconocer nuestro pecado y rebeldía. Debemos examinarnos y restaurar nuestra comunión con Dios. Entonces, consagrémonos al Señor de una vez por todas. Fuera los pretextos y las justificaciones, ¡seamos santos como él es Santo!

Cada día, cada momento, vivamos para Dios, como verdaderos adoradores, imitando el carácter de Cristo y abandonando la religiosidad que mide nuestra espiritualidad en la obediencia que tenemos hacia los mandamientos de hombres y hacia las tradiciones, no a Dios.

Animemos a otros a perseverar y retémolos a imitarnos, a observarnos y a poner a prueba nuestra integridad. Una extraordinaria manera de perseverar es enseñar a otros, serles ejemplo y testimonio del poder de Dios. Si cada uno hacemos esto entonces seremos la Iglesia que el mundo necesita, pero sobre todo, que tú y yo necesitamos y estamos llamados a ser. Estaremos siendo parte de un cambio de largo alcance para que todos glorifiquen a Dios y veamos más y más vidas restauradas.

Entonces ya no tendremos que esperar a que algo pase. Dejaremos de orar porque alguien por fin haga lo que no estamos dispuestos a hacer. Seremos testigos de lo que Dios hace en personas débiles y limitadas como tú y yo, pero que invierten sus vidas en otros mostrándoles cómo perseverar en Cristo, no por su capacidad o fuerza de voluntad, sino por el poder que lo levantó de entre los muertos. Los avivamientos son buenos… cuando ocurren, mas perseverar es compromiso constante.

Restaura Ministerios

Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona a reconciliarse con Dios y con su prójimo. Es autor del éxito del librería “La Iglesia Útil”, entre otros libros. Conoce más en http://restauraministerios.org.


Encuentra más publicaciones de Efraín Ocampo en Restaura Ministerios. Uso autorizado para Volviendo al Evangelio. Fotografía por Unsplash.

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