¿POR QUÉ SUFRE LA GENTE INOCENTE?

Todos los días aparece una nueva noticia desgarradora: jóvenes desaparecidos, mujeres que fueron abusadas, niños mueren de hambre, hombres asesinados; pero más nos duele cuando leemos “era padre familia”, “era hermana de fulana”, “era un bebé”, “era estudiante” “era mi amigo”.

Y en medio de tanto dolor y frustración nos preguntamos: ¿Por qué la gente inocente sufre? ¿Qué culpa tenían ellos? ¿Por qué no hay justicia?

¿Quiénes son los inocentes?

La respuesta que la Biblia nos brinda, primeramente  y para aclarar, es la siguiente: ningún ser humano es inocente ni justo delante de Dios.

“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,” -Romanos 3:23 (RVR1960)

Todo pecador merece el castigo justo de Dios. Aquí es donde Su Gracia se vuelve algo maravilloso.

Sin embargo, para poder comprender esta verdad, debemos admitir que existe una escala relativa en la humanidad, en la que definimos quiénes son moralmente mejores, más virtuosos y más inocentes que otros. Consideremos, por ejemplo, a aquel que da generosamente al pobre, a los que hacen su mejor esfuerzo por cumplir La Regla de Oro, la inocencia ingenua de los niños pequeños, entre otros ejemplos de acciones nobles.

Entonces, teniendo estos en mente, ¿Por qué los niños y estas personas con vidas ejemplares sufren?

Mundo Caído

Debemos estar conscientes de lo siguiente: el pecado nos guía al sufrimiento, pero el sufrimiento no siempre es un indicador de pecado; un ejemplo es la vida de Job, hombre recto que sufrió de manera inimaginable.

Los justos e inocentes sufren por varias razones:

  1. A veces, las acciones de los justos e inocentes en un mundo pecador y caído involucran sufrimiento: una persona sacrificándose por su amigo o por el ser amado.
  2. A veces los pecados de otros llevan a los que son inocentes al sufrimiento: un niño que es profundamente lastimado por las acciones de sus padres.
  3. Los justos y los inocentes no están exentos de las situaciones dolorosas que se vivirán en el día a día, pues vivimos en un mundo corrupto, un mundo caído y pecador.
  4. A veces sufriremos por razones que no podrán ser aclaradas.

“¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no surgen de los malos deseos que combaten en su interior? Desean lo que no tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo. Envidian lo que otros tienen, pero no pueden obtenerlo, por eso luchan y les hacen la guerra para quitárselo. Sin embargo, no tienen lo que desean porque no se lo piden a Dios. Aun cuando se lo piden, tampoco lo reciben porque lo piden con malas intenciones: desean solamente lo que les dará placer.” -Santiago 4-1:3 (NTV)

La Escritura nos recuerda que si obramos en contra del prójimo es por nuestra misma naturaleza pecaminosaNo podemos amar al prójimo si no amamos Dios primero. 

La esperanza en Cristo

La gente sin Cristo vive en incertidumbre, no sabe el destino final de su alma, llora sin esperanza por sus pérdidas, teme por su vida y por la de los suyos, espera el cambio a través de valores fomentados, busca paz y justicia y no la encuentra, vive con miedo y preocupación constante.

“Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.” -Mateo 10:28 (RVR1960)

Las noticias del mundo son devastadoras y engañosas, más el mensaje que nosotros tenemos es eterno, de paz, brinda gozo y consuelo en medio de la aflicción y, sobre todo,  ¡es el Poderoso  mensaje de Salvación de Dios para los hombres!

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.” -Romanos 1:16 (RVR1960)

Ayudemos al necesitado y seamos sensibles a su dolor físico, seamos generosos, mostremos el amor de Dios; pero la salvación de su alma es y siempre será lo más importante que una persona pueda tener, la paz con Su Creador a través de Cristo.

Las malas noticias seguirán apareciendo y la necesidad continuará, pero Cristo permanece para siempre y en él está nuestra esperanza; no hay nada más valioso que Cristo.

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