FILEMÓN: EL EVANGELIO DENTRO DE UNA CÁSCARA DE NUEZ

La Epístola del apóstol Pablo a Filemón, es la carta más pequeña que escribió desde prisión, quizás es por esto que muchas veces pasa desapercibida no solo cuando intentamos hallarla en medio de todos los libros que componen el Nuevo Testamento, sino también cuando decidimos estudiarla o predicarla. Su pequeñez y aparente contenido es muy engañoso, a simple vista nos invita a pasar de largo ya que no hay nada interesante allí, pero una vez que la estudiamos encontramos la joya más valiosa contenida dentro. Ver la epístola de Filemón es como ver todo el evangelio dentro una pequeña cáscara de nuez.

¿De qué trata la carta?

Filemón era un hombre cristiano con los recursos económicos suficientes como para tener una casa y esclavos (v.2), que fue salvado probablemente en Éfeso bajo el ministerio de Pablo (v.19). Tenía un esclavo no cristiano llamado Onésimo, quien tras robarle huyó a la capital del imperio al igual que la mayoría de los esclavos prófugos que huían a Roma con la intención de perderse en medio de la multitud. Fue allí, en donde a través de circunstancias no registradas en las Escrituras, Onésimo conoció a Pablo y se volvió al Señor, convirtiéndose en una gran ayuda para el apóstol durante su encarcelamiento (v.11), sin embargo, Pablo, al saber que el esclavo prófugo había quebrantado el corazón de su amo y la Ley Romana, en contra de sus anhelos (v.13), decidió enviarlo devuelta con su amo. Ante el peligro de los caza-esclavos, entre otros peligros que implicaba para un esclavo prófugo viajar solo, Pablo lo envió de regreso con Tíquico hacia Colosas, aprovechando de enviar con él la carta a los Colosenses (Colosenses 4:7-9).

Más allá del Perdón…

Si bien es cierto que Pablo envió esta hermosa carta a Filemón para alentarlo a perdonar a Onésimo y recibirlo como un hermano en Cristo dejándonos una gran enseñanza del amor y el perdón fraternal, esta epístola ha significado mucho más para mí. Mientras más estudio esta carta personal, más puedo ver el corazón del evangelio dentro de ella.

Así como Pablo se despojó de toda autoridad apostólica (v.8) y en vez de mandar a Filemón a que perdonase al esclavo, le rogó (v.9,10), así mismo es como Jesucristo se despojó de toda su gloria (Filipenses 2:6-8), y ruega e intercede por nosotros (Juan 17:8-26;1 Timoteo 2:5-6; 1 Juan 2:1), no haciendo Su Voluntad sino la Voluntad Soberana del Padre. De esta manera Pablo, se convierte en un fiel reflejo de la obra redentora de Cristo y Onésimo en el fiel reflejo del redimido.

Onésimo, como mencioné anteriormente, fue un esclavo que, tras robarle a su amo, Filemón, huyó. Todos nosotros fuimos Onésimo, quizás no fuimos esclavos políticamente hablando, pero sí fuimos esclavos espirituales (Juan 8:34; Romanos 6:17,18); al igual que Onésimo Robó a su amo, todos nosotros le robamos a Dios, le robamos Su Gloria (Romanos 1:21); no le hemos obedecido, ni alabado, ni adorado, ni agradecido, ni glorificado como ÉL nos demanda (Salmos 29:2; Mateo 12;17). Todos nosotros fuimos prófugos, todos huimos de Él (Salmos 14:3; Romanos 3:10-12; Isaías 53:6, 64:7).

Todos nosotros fuimos inútiles. El nombre Onésimo, era un nombre bastante común para los esclavos en los tiempos de la esclavitud Romana, la palabra Onésimo, literalmente significa “Útil”, es por esto que el apóstol Pablo hace un juego de Palabra en el v. 11, diciendo “El Útil te fue inútil, pero ahora nos es más útil que nunca”. Todos nosotros fuimos inútiles para Dios, fuimos tan inútiles que la Palabra declara que “…todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia…” (Isaías 64:6), Sin embargo, por la gracia de Dios, al igual que Onésimo, nuestras vidas también han sido radicalmente transformadas.

… La Justificación

El apóstol Pablo, en dos oportunidades le ruega a Filemón “…recíbele como a mí mismo…” (v.12,17) y no conforme con eso, siguiendo el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo quien pagó el precio para reconciliar a los pecadores con Dios (2 Corintios 5:18-19), le ofrece a Filemón pagar cualquier restitución que fuese necesaria a fin de que se reconcilie con Onésimo (v.18). Así como Filemón recibió a Onésimo por causa de Pablo, Dios nos recibe como a Cristo, por su causa, es por Su Sacrificio que somos justificados en Él (2 Corintios 6:21; Romanos 3:24,25). Así como Pablo se ofreció a pagar la deuda de Onésimo, Cristo pagó nuestra deuda (Colosenses 2:13-14), y es gracias a Su sacrificio que Dios ya no nos recibe como esclavos sino como hijos “…y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4:7), tal como Filemón recibió a Onésimo ya no como esclavo sino como hermano en el Señor (v.15,16).

Lo maravilloso de la epístola a Filemón, como mencioné en el inicio es que podemos ver todo el Evangelio. Podemos ver la obra del Espíritu Santo en la vida de sus personajes a través de sus vidas radicalmente transformadas; Onésimo, de ser un esclavo prófugo y ladrón regresa como un siervo humilde y arrepentido dispuesto a pedir perdón a su amo y enmendar el daño; vemos a Filemón amando y perdonando a su esclavo prófugo, recibiéndole como un hermano, tal como Dios lo perdonó y recibió como un hijo en Cristo. La Soberanía de Dios no es un tema que queda ajeno en el Evangelio, el Apóstol Pablo en el v.15 insinúa que nuestro Dios Soberano orquestó todo el escape de Onésimo con propósito de Su Gloria, tal como a orquestado cada uno de nuestros caminos para que lleguemos a conocerle a ÉL.

Conclusión

Todos nosotros somos Onésimo, todos nosotros fuimos esclavos apartados que por gracia hemos sido reconciliados con nuestro amo por medio de Cristo. Todos los creyentes somos siervos, estamos en el servicio (ministerio) de la reconciliación. El Apóstol Pablo dijo “sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1), ¿Le estamos imitando? ¿Estamos intercediendo por nuestro prójimo, rogándoles que se reconcilien con Dios? ¿Estamos siendo siervos útiles?

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.”

(2 Corintios 5:18-20)

Que la gracia y paz de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros

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