LA ESPERA EN DIOS ES GRATIFICANTE

Cuando uno está en la etapa de soltería, es natural esperar impacientemente por aquella persona que pueda amar con todo su ser, soñamos e idealizamos una futura “relación perfecta”. Como cristianos, esperamos a aquella persona que nos acerque a Cristo, que comparta con nosotros una misma esperanza y tenga el mismo Espíritu, pero no solo eso; a medida que crecemos más en el conocimiento del Señor Jesús, también aumentan nuestras expectativas para nuestro cónyuge.

Queremos a una persona que tenga un carácter espiritual, que sirva, que ame a Dios primeramente y al prójimo, una persona estudiosa de La Palabra, que sea valiente en defender la fe, que sea mansa de corazón, temerosa del Señor; ¡excelentes requisitos! pero, ¿cumplo yo con todas aquellas cualidades?

Crecimiento en el Señor

También, como cristianos, es de esperarse que recibamos palabras de desaliento, aún de parte de nuestra misma familia y amigos, y eso sucederá aún más, mientras seguimos creciendo en el conocimiento de Cristo.  

Algo de lo que recibí constantemente el año pasado fue:

“Si estudias mucho, ningún hombre querrá acercarse a ti porque creerá que no está a tu nivel” “Deberías dejar de hablar tanto de religión, y concentrarte en buscar a alguien” “No tengas expectativas tan altas” “No importa si él no sabe tanto de teología, dale una oportunidad” “Está bien que tengan opiniones doctrinales que difieran, todos pensamos distinto”

Lo que normalmente pasa por nuestra mente al escuchar este tipo de comentarios es pensar que estamos siendo muy exigentes, que tal vez deberíamos parar o ser más flexibles; la cuestión es que uno no quiere parar, no quiere dejar de aprender y profundizar en las preciosas Escrituras, pero te encuentras en ese punto intermedio en donde realmente crees que no encontrarás a alguien que sea compatible contigo, nadie llegará a ese nivel que esperas (y ni siquiera esperas perfección), a veces te cansas de buscar o esperar; a nadie de los que conoces ves como opción.

El Señor es primero

No obstante, en medio de tantas opiniones y desánimos, solo queda aferrarse y ser firme a la idea de que nuestra relación con Dios es primero; ¿dejaré de aprender de mi Señor y profundizar en Su Palabra solo para que algún prospecto pueda sentirse cómodo a mi lado? De ninguna manera.

Primeramente, debemos recordar que se nos exhorta a no estar afanados y más bien, nos insta a orar con gratitud:

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”   – Filipenses 4:6-7

En segundo lugar, nuestro corazón debe estar enfocado en seguir aprendiendo del Señor y en cuidar nuestra relación íntima con Él:

“Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.”- 2 Pedro 3:18

Por último, recordemos que todo obra para bien a los que le aman y el Señor suple nuestras necesidades y deseos de nuestro corazón (mientras estén bajo Su Voluntad):

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”-Romanos 8:28

En suma, buscar a Dios moldea nuestro carácter de manera natural, nos mueve y nos contrita, deposita convicciones en nuestro corazón; convicciones que no debemos omitir por agradar a alguien; todo tiene su tiempo, pero Dios debe estar presente en cada uno de esos tiempos.  

Descansemos y estemos quietos, sabiendo que El es el Dios de los cielos, quien suple nuestras necesidades y nos llena de consuelo, que nuestro afán no se vuelva nuestra prioridad.

Esperemos mientras seguimos caminando y creciendo, pues la espera será gratificante en Él.

“Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos.” -Salmos 138:8

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