¿QUÉ IMITARON LOS DISCÍPULOS?

Un día, Jesús fue a cierto lugar para orar. Cuando terminó, uno de sus discípulos se acercó y le pidió:

—Señor, enséñanos a orar, así como Juan el Bautista enseñó a sus seguidores. Lucas 11:1

¿Quién no quiere aprender algo nuevo? Todos queremos hacerlo; tocar un instrumento, tejer, manejar un auto, cocinar, etc. Nuestra mente siempre está en constante aprendiza y así poder desarrollar nuevas neuronas.

Cuando queremos aprender algo, siempre tenemos alguna referencia o una persona a la cual tratamos de imitar, por ejemplo; si queremos aprender a cocinar, en algunos casos, la mamá es la referencia, de ella aprendemos lo mejor de la cocina, si queremos aprender a manejar; nos iremos casi siempre con papá, (en mi caso mi mamá fue quien me enseñó a manejar y no aplica esta lógica). Queremos que ellos nos muestren como se hacen las cosas, tomamos nota, si es posible, de una deliciosa receta o tomar apuntes sobre como meter y sacar el clutch, preguntamos todo cuanto sea posible para poder aprender a cocinar o a manejar, cantidades, productos, métodos, reglamentos, etc. y ellos nos brindan esa información, sabiendo que algún día los superaremos.

¿Qué más grandiosa referencia de aprendizaje que el mismísimo Jesús en vivo y a todo color? Algo tenían que aprender de Él y no era su estilo de vida.

Los discípulos hicieron una sola pregunta a Jesús y es la única pregunta que ellos hacen, al parecer, para poder aprender algo, ellos le dijeron: ¡enséñanos a orar!

Es sorprendente que los discípulos preguntaran sobre cómo orar, quizá pensemos, ¿por qué no preguntaron sobre cómo hacer milagros? ¿Cómo predicar? ¿Cómo evangelizar? ¿Cómo echar fuera demonios? Creo que sería más lógico y tendría más sentido que el aprender a orar, pero su relación con el Maestro es asombrosa su nivel de entendimiento era algo espectacular.

Ellos sabían que, si aprendían a orar, todo lo demás lo podrían hacer, por qué el padre escucharía sus oraciones, era algo que tenían en mente y que conocían, porque habían visto a Jesús haciéndolo, al igual que nosotros al querer aprender a cocinar o a manejar.

Sí tú tienes una perfecta comunión con Dios a través de la oración todo lo demás será un aprendizaje continuo, si aprendes a orar, aprenderás a predicar, leer su palabra, evangelizar, conocer su voluntad, etc. La oración es la base de una verdadera relación con Dios.

Como hijos tenemos que hablar con nuestro Padre, a través de la oración. La oración es al cristiano, como el respirar es a la vida, con ese nivel de importancia tenemos que vivir orando con el Padre.

Pero, si orar es hablar con Dios, entonces, ¿por qué no lo hacemos? Quizá nos aburre el orar, nuestro método, o simplemente no sabemos cómo orar. Tenemos que volver a este versículo cuántas veces sea necesario y decirle a Dios, enséñame a orar, y Dios a través del Espíritu Santo es quién intercede por nosotros, y allí es cuando citamos la palabra, Romanos 8:26:

Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles;

Si un padre terrenal nos ayudaría para aprender, cuánto más nuestro Padre celestial, siendo perfecto y justo.

¡Comencemos con una vida de relación de oración con nuestro Dios!

 

 

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