¿QUÉ ES EL FRUTO DEL ESPÍRITU?

Un desafío más para la iglesia de Cristo, un reto más que Dios nos pone delante de nosotros y que debemos seguir para llegar a ver la bendición que se ha dicho para este país.

Ahora es necesario saber si como iglesia tenemos el fruto del Espíritu Santo, y ese es el reto que hoy Dios nos pone ¿Lo aceptas?

Hoy en día los creyentes están metidos en un conflicto en que desean sinceramente esa gracia que puede alcanzar la victoria plena y rápida. Los que desean entregarse a la dirección del Espíritu Santo no están bajo la ley como pacto de obras, ni expuestos a su espantosa maldición.

Su odio por el pecado, y su búsqueda de la santidad, muestran que tienen una parte en la salvación del evangelio.

Las obras de la carne son muchas y manifiestas. Esos pecados excluirán del cielo a los hombres. Pero, ¡cuánta gente que se dice cristiana vive así y dicen que esperan el cielo!

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Los frutos del Espíritu muestran evidentemente que ellos son guiados por el Espíritu.

La oposición que existe entre las obras de la carne y el fruto del Espíritu es igual a la que existe entre tinieblas y luz, entre caos y orden, entre multiplicidad y unidad

Esta unidad queda clara por el hecho de que el Apóstol dice «fruto», en singular, y no habla de frutos. La vida moral del cristiano es, en realidad, muy sencilla:

Servir por amor.

Como en los versículos anteriores Pablo había trazado la lista de las malas cualidades que caracterizan a la naturaleza humana sin Cristo, ahora traza la de las cualidades positivas, que son el fruto del Espíritu.

Pablo menciona que podemos llevar fruto si tenemos el Espíritu, no podemos llevar fruto por nuestra propia cuenta.

El fruto es producto mismo de que tenemos el Espíritu Santo, si no llevamos fruto, es porque algo no anda nada bien en nuestra vida espiritual y eso lo tenemos que solucionar lo más pronto posible.

Estas virtudes sólo el Espíritu Santo las puede producir y no los propios esfuerzos del hombre, por más que nosotros lo intentemos jamás podremos reproducir estas misas virtudes, lo único que lograríamos hacer serán obras. Estas cualidades son el producto del control de Cristo, no podemos obtenerlo por tratar de llevarlos sin su ayuda.

Las primeras tres conciernen a nuestra actitud hacia Dios, la segunda triada tiene que ver con nuestras relaciones sociales, y el tercer grupo describe los principios que guían la conducta cristiana.

AMOR, GOZO, PAZ. – ACTITUD HACIA DIOS

PACIENCIA, BENIGNIDAD, BONDAD. – RELACIONES SOCIALES

FE, MANSEDUMBRE, TEMPLANZA. – CONDUCTA CRISTIANA

VIRTUDES HACIA DIOS

AMOR: (agápe). Es la primera virtud que el Apóstol menciona porque es el fundamento para las otras virtudes. Dios es amor y ama al mundo (1Juan 4:8; Juan 3:16). Fue por el amor no egoísta de Jesús que él vino a morir por la humanidad y debe ser el amor que el creyente debe manifestar cuando está lleno del Espíritu Santo.

GOZO: (cará) y tiene que ver con un gozo interno que es profundo y permanente, que fue prometido para aquellos que permanecieran en Cristo (Joh_15:11). El gozo del Señor es completo y no hay ninguna circunstancia humana que pueda quitar este gozo excepto el mismo cristiano cuando permite que Satanás se lo arrebate.

El gozo es un río de alegría que corre de nuestro corazón y que fluye por tener una relación correcta con Dios

PAZ: (eiréne) La paz tiene que ver con la tranquilidad de mente que viene por la relación salvadora con Cristo. Como el gozo, la paz no depende de lo externo sino de Dios que trabaja todo para el bien (Romanos 8:28). Dios tiene un propósito y está en control de todas las cosas. Este es el testimonio que el Espíritu Santo nos da respecto a nuestro Dios y esto trae paz. La condición de paz que un cristiano tiene con Dios (Romanos 5:1) es afirmada por el Espíritu Santo en su corazón cuando el cristiano está lleno del Espíritu Santo.

VIRTUDES HACIA EL PRÓJIMO

PACIENCIA: (makrothumía) que tiene que ver con una tolerancia o un sufrimiento prolongado que aguanta heridas que son infligidas por otros (v. 22). El Señor nos ha exhortado a que tengamos paciencia para con otros cuando nos dice: Vestíos… de paciencia (Colosenses 3:12). La virtud de la paciencia es necesaria en el discipulado de los nuevos convertidos al evangelio. El que tiene paciencia sabe sufrir y esperar por la liberación de Jehovah.

BENIGNIDAD: (crestótes) y significa tener bondad, como la bondad de Dios para los hombres. La palabra no tiene el significado de ser débil o tener falta de convicciones sino de ser de genio apacible. Es una persona que muestra benevolencia a otros. El apóstol Pablo pinta un cuadro de benignidad que él tuvo por los tesalonicenses cuando los visitó: Más bien, entre vosotros fuimos tiernos, como la nodriza que cría y cuida a sus propios hijos (1Tesalonicenses 2:7).

BONDAD: (agathosúne). Esta palabra tiene dos significados. Uno es ser justo en alma y segundo, una acción que impulsa a hacer el bien a los otros sin que se lo merezcan. Es mejor traducir la palabra bondad como hacer el bien. Pablo les exhorta más adelante en la epístola a hacer bondades o el bien: Por lo tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe (Gálatas 6:10).

VTUDES HACIA EL PRÓPIO CRISTIANO

FE: (pístis). Esta palabra puede tener el significado de fe o confianza en Dios, pero es mejor traducida como fiel en el sentido de que la persona es de confianza por su fidelidad. El significado de fe en el sentido de creer (no necesariamente en la salvación, pero como un don de fe) es mencionada en los dones espirituales (1Corintios 12:9; Romanos 12:3, Romanos 12:6). La palabra fe en el contexto es parte del fruto del Espíritu Santo y es la clase de fidelidad en las cosas de Dios que demostró Jesús en su ministerio (Filipenses 2:7-9). También se puede ilustrar esta virtud en la parábola de nuestro Señor Jesús acerca del siervo fiel (Lucas 16:10-12).

MANSEDUMBRE: (praútes) que se encuentra en el v. 23. Esta palabra se usaba cuando un animal salvaje era domado. Pensemos en el caballo salvaje que tiene su propia voluntad cuando es salvaje, pero cuando es domado entonces hace la voluntad de su jinete. Moralmente, el cristiano es domado por el Espíritu Santo y es manso en que es controlado por Dios y no hace lo que la carne quiere sino la voluntad de Cristo. Es un cristiano que es sumiso a la palabra de Dios (Jam_1:21). Un ejemplo clásico de una persona mansa fue Moisés que no intervino en los problemas de Israel con enojo sino con el control total de Dios (Num_12:3). El manso tiene un temperamento espiritual y acepta la voluntad de Dios en su vida.

TEMPLANZA (DOMINIO PROPIO) (egkráteia). Es el control personal hacia los deseos carnales. Este dominio propio no viene sin el poder de Dios. Esta palabra se menciona dos veces más en el NT (Hechos 24:25; 2Pe_1:6).

5:23 contra tales… no hay ley. Cuando dice ley, no tiene nada que ver con la ley de Dios, recordemos que la ley está para mostrar el aspecto pecaminoso del hombre.

El fruto del Espíritu no cae en este aspecto, y por eso no tiene nada que ver con la ley.

No hay ley capaz de contrarrestar la obra del Espíritu Santo en el creyente.

El Apóstol lo expresa más claramente cuando dice: La ley no ha sido puesta para el justo, sino para los rebeldes (1Timoteo 1:9).

5:24 Han crucificado. Pablo nos menciona que el creyente, cada cristiano, que la iglesia Jesús es mi luz y mi Salvación tiene la responsabilidad de no seguir la inclinación de su naturaleza carnal. El que pone su fe en Cristo y anda por el Espíritu (versículos 16, 25), no se somete a los deseos de la carne. (Gálatas 2:20; 614)

La crucifixión de la carne quiere decir que el poder de la carne o del viejo hombre ha sido quebrantado. El poder del Espíritu en Cristo Jesús puede mantener el dominio de la carne sin ningún poder en el creyente, si él camina en el poder del Espíritu. Para el creyente, el poder de la carne ya no es como antes que estaba esclavizado en su dominio.

La crucifixión de la carne quiere decir que el poder de la carne o del viejo hombre ha sido quebrantado. El poder del Espíritu en Cristo Jesús puede mantener el dominio de la carne sin ningún poder en el creyente, si él camina en el poder del Espíritu. Para el creyente, el poder de la carne ya no es como antes que estaba esclavizado en su dominio.

Debemos dedicarnos con fervor a mortificar las obras del cuerpo y a caminar en la vida nueva sin desear la vanagloria ni desear indebidamente la estima y el aplauso de los hombres, sin provocarse ni envidiarse mutuamente, sino buscando llevar esos buenos frutos con mayor abundancia, que son, a través de Jesucristo, para la alabanza y la gloria de Dios.

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